Sta. Ponça-La Vall Verda-Finca Púb. Galatzó

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31 enero 2009 (sábado)

Sta. PONÇA – La Vall VERDA – Finca Púb. GALATZÓ

      Después de muchos meses desaparecida la gente, Quique organiza una concentración en Santa Ponça. Para realizar una sencilla ruta, ya que, muchos hace tiempo no han continuado con la bicicleta.

      A esta iniciativa nos reunimos; José Carlos, Ángel, Quique, María, Mario, Yolanda, Emilio y Rafa “Orbea”, o sea, yo mismo. La concentración a las 9:30h, esperamos media hora a que llegue Emilio que lo hace en bici desde Palma. Mientras tanto, nos vamos contando batallitas de tanto tiempo sin vernos.

       Al llegar, sin demora nos ponemos en marcha. Camino paralelo al torrente de Galatzó. Días de lluvias han convertido el camino en un barrizal y al tener que  cruzar varias veces el torrente, con agua abundante, nos ponemos “chops”. ¡A ver quién es el primero en mojarse!. Con decisión pasamos uno tras otro. Unos con mejor suerte, otros, como José Carlos, en el intento, quedándose en medio del caudal. Claro que, todos al final, nos mojamos las zapatillas. Hundidos quedamos a media rueda. Seguimos entre risas el sendero y al llegar a la altura de la carretera… ¡sorpresa!. Mayor caudal y mucho barro. Aquí, no hay discusión. Nos hundimos casi hasta la rodilla. Por el peso, la bicicleta se clava en el fondo del caudal, teniendo que bajar y arrastrarla para salir. ¡Qué pasada! Ya que estamos mojados, ¿porqué no un poco más y a divertirse?.

       Con los pies empapados y enfriándose nos dirigimos a Capdellá, es pronto, Emilio dice de dar una vuelta por  la Vall Verda. Aceptamos. Descenso corto, pero intenso. ¡Por dios! ¡Como duelen los pies, los tengo congelados!. Ya se calentarán. La subida hasta Capdellá  (3 km), pone a cada uno en su sitio. Emilio (fuerte él) tirando, seguido de José Carlos (otro que tal) y de Ángel, yo de último empiezo a adelantar a los otros, dando alcance a Ángel, para mi sorpresa, le adelanto, llegando el tercero a lo alto. Creo que fue por el hambre que tenía. Sólo quería llegar para tomar un bocado.

       Esperamos al resto, picamos un poco y a Capdellá, de ahí recto a la Finca Pública de Galatzó. Al llegar comemos. El día está encapotado, al final nos pillará la lluvia. Tenemos los pies fríos, pero la moral no decae, todo lo contrario. Me saco el bocata y entre bromas que desayuné de un pepito de lomo, Quique dice que saque el de tortilla, a esto que respondo –Me quedé sin huevos hace unos días.  Silencio… ¿?  Nos miramos… y …Juaaaa Juaaa Juaaa… nos tronchamos de risa. Mal pensada que es la gente. 

       José Carlos está con sus nuevas calas y parece que tiene pequeños problemas por el barro y posición para sacar el pie. Ya las arreglará al llegar a casa, ¿de ahí viene el problema?. Porque tuvo unas cuantas  caídas.

       Bien, son las 12:30, nubarrones y primeras gotas amenazan el día. Aquí se divide el grupo. Los moderados, deciden volver y los más tirados “palante”, continuar. El trío trialera, se separa de la buena gente. Así que vemos como parten Quique, María, Yolanda y Mario (Emilio, se fue antes). Pensamos que tuvieron más suerte que nosotros ¿por qué? Por que nos pilló una de agua inmensa casi toda la tarde. Empapados hasta los huesos, digo, como que fue verdad tu.

       Nos desviamos y marchamos pista dirección Reserva Galatzó, sí, donde hay una inmensa verja (que no verga). Vamos a saltarla, cuando, nos damos cuenta que el buen tiempo se terminó. El cielo nos arroja cientos de litros de agua de golpe sobre nuestros magníficos cuerpos, sentimos el cuerpo empapadísimo, nos ponemos el chubasquero, ¿pero para qué? Si ya estamos rebozados en agua. La cordura funciona bajo esta inclemencia. Decidimos despedalear lo pedaleado, por lo menos una parte, ya subiremos otro día a Galilea por esta zona. Me encanta descender rapidísimo bajo la  intensa lluvia, las salpicaduras son constantes y no veo nada de nada. ¡Ojo, curva!. ¡Ojo, bache!. Ojo ¿qué ojo?, no veo nada, me quedé ciego, frenazo y ¡¡¡altoooo !!! No veo naaa…. José Carlos se acerca.-Tienes un grano de barro en el ojo. –Me escuece de lo lindo. Saco el botecito de lentillas y me limpio. La visión vuelve a mi, ¡alegría! Me pongo las gafas de protección y seguimos bajo la intensísima lluvia. Pero, Así tampoco veo nada de nada (he de poner limpiaparabrisas a estas gafas).

       Llegamos a la entrada principal de la Finca y parece que mengua la lluvia. Les digo que iremos por otro sendero de la “leche”. Pista-torrentera que pasa por es Rafalet. Aquí las calas ponen a prueba a José Carlos, que se va al suelo unas cuantas veces, sin consecuencias, por ahora. Barro, agua, trialeares, subidas y bajadas estrechas (que le pregunten a José Carlos, que se peleó con unos arbolitos), esquivando piedras, árboles caídos, probando ascensos rápidos, etc.  Estoy que me salgo, me encuentro eso de !tapón¡,tengo a Ángel delante de mí. Hay que ir más deprisa, le digo, dice que un día me la pegaré de vedad.  Llagamos a sa Plana, pasamos túnel, ascendemos a la carretera principal y vemos las bicicletas. ¡No se ven los tacos! Están cubiertas de fango hasta los topes. Con la lluvia martillándonos el cuerpo velozmente carretera a Santa Ponça. Me quité el chabusquero hace tiempo. Prefiero mojarme por lluvia, que no por sudor y agobiado. Encuentro de nuevo con el sendero que nos lleva al coche. Volver a cruzar el torrente de Galatzó, más agua y más barro. – ¡Viva!. De Primero Ángel y yo detrás instándole a que acelere, que hay que correr, que se puede hacer a toda lech… No me reconoce, je je… Al rato, -¿Y José Carlos?, pregunta. Es raro no nos siga. Esperamos… aparece, quiere limpiar la bicicleta antes de llegar a casa, insiste varias veces. Lo hace en varis ocasiones, le decimos que aún queda por llegar, poco, pero queda, que tendrá ocasión de hacerlo al terminar. Seguimos ruta velozmente y…. pero ¿dónde está este hombre?. -Ahí aparece, ¿qué paso?. -Me he caído por las calas y me he hecho daño de verdad. Éste hombre está desmoralizado, sólo por caerse ocho o nueve veces. Hay que darle ánimos. Continuamos poco más, llegamos al Molino ¿y José Carlos? Nos preguntamos Ángel y yo, al torrente limpiando la bici…

       Hacemos foto final en el Molino y como hace sol, nos animamos a intentar bajar las escaleras, sólo Ángel lo consigue, yo me agüitono y José Carlos, desmoralizado y contusionado se queda con las ganas. No se queje, que tendrá a su mujer que le cuidará mucho, mucho, muuucho….

       Estamos tan empapados que casi nos vemos obligados a ponernos en pelotas Ángel y yo al subir al coche, menos mal que tengo una colcha de la bicicleta y una toalla, que si no…. perdidos dejamos los asientos, no sólo de agua sino de barro que no se va ni limpiándolo con lejía.

SI QUIERES VER LAS FOTOS EN DIAPOS PINCHA AQUI

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